Europa toca el cielo en tierras galesas
Hubo que esperar hasta el lunes, pero mereció la pena. El sol brilló por primera vez en toda la semana y el golf también. Los 24 mejores golfistas del momento pusieron toda la carne en el asador, pero un hombre, Colin Montgomerie ya había cocinado su lista la noche anterior: tres hombres fuertes al principio, entremezclar los novatos con los veteranos y dos hombres fuertes al final.
Fue un esquema muy parecido al que se vio en 1995, en Estados Unidos, en Oakland Hils, y aquella ocasión, otro irlandés, el novato Phillip Walton dio el punto para Europa en el hoyo final. Quince años después, fue igual de intensa, igual de sufrida y de nuevo la victoria llegó de manos de un irlandés, ‘Bic Mac’, para sus compañeros de equipo, McDowell para el resto del mundo.
No fue la forma más bonita de ganar, tras el salto de rana de Mahan en el hoyo crucial, el 17, pero así es la Ryder, injusta para algunos, sufrida para otros.
Parecía imposible que Europa pudiera ganar esta Copa, sobre todo cuando los partidos iban cambiando de signo y tras un comienzo de semana caótico en la que casi nadie se enteraba de los continuos cambios de partidos y de formatos. La jornada del domingo fue un gran varapalo para los americanos, que de los seis puntos en juego en los enfrentamientos de pareja, sólo pudieron sumar medio.
Pero todos los continentales temíamos los ‘singles’ claramente favorables a los americanos durante años. Y de nuevo volvieron a imponerse, pero no fue suficiente para superar la ventaja perdida.
Es difícil atribuir la victoria a un solo hombre, porque el medio punto de McIlroy en el segundo partido, cuando aún Europa dominaba claramente en el marcador, resultó ser crucial. La competitividad de Ian Poulter, su arrojo y hasta sus gritos animaron el espectáculo arropado por 35.000 espectadores, más de los que nadie hubiera podido esperar en una jornada de lunes.
Y como no, los puntos latinos que dieron Jiménez, inconmensuraqble, y el medio punto de Edoardo Molinari, la apuesta de Montgomerie sobre Paul Casey se salió redonda al capitán.
Y nos dejamos para el final al gran McDowell, que superó la presión como casi nadie esperaba. Un gran triunfo para Europa en una extraña Ryder Cup 2010 en Gales. Jiménez se sacude los fantasmas de Valhalla“El abuelo” Jiménez sin duda ha sido uno de los jugador que ha inspirado esta Ryder. Con su primer punto individual en sus cuatro participaciones en la Ryder Cup puso al equipo europeo en la línea de salida para reconquistar la Copa y se sacudió todos los fantasmas de ValhallaLos dos primeros puntos para Estados Unidos los pusieron Steve Stricker, que con tres birdies, un eagle y el resto pares derrotó a un Lee Westwood por 2 y 1 cansado que tuvo tantos aciertos como fallos; y minutos después Dustin Johnson le daba una soberana paliza al alemán Martín Kaymer por 6 y 4 que ha estado poco inspirado en esta Ryder Cup. En esos momentos, cinco partidos se decantaban por Europa y cinco para EEUU y el empate entre McIlroy y Furyk. Europa seguía por delante un punto en el total. Entonces llegó el medio punto de Rory McIlroy, ¡qué debut!, contra uno de los ‘fuertes’ americanos Jim Furyk que supo a gloria, tras una sacada de búnker en el 18 en el que arriegó de segundo golpe a green y volvió a poner los tres puntos de ventaja en el marcador (12-9). Todo conducía a que el punto decisivo se lo iban a jugar Europa en el último partido entre Graeme McDowell y Hunter Mahan.
El punto de Miguel Ángel Jiménez, ese que no pudo conseguir en Valhalla y que supuso el cambio de marcador para Estados Unidos, volvía a ser criucial para esta Ryder Cup. El malagueño jugó el golf de su vida, el golpe medio en cuclillas desde el búnker del green del 15 fue histórico y con su putt corto logró su primera victoria individual en la que podría ser su última Ryder Cup, la cuarta de su carrera. Necesitaba Miguel este punto para acallar los fantasmas de Valhalla.
| Comentarios |
|
















